
Llegamos el sábado 14, temprano, después de más de quince horas de viaje desde Madrid, en la nave estelar Jumpy Star. Qué bueno es tener una furgonetilla para este tipo de viajes, no sólo porque es mucho más cómodo el pasar tantas horas dentro, si no por la cantidad de bultos y cosas que puede uno meter dentro. Consumo moderado, velocidad de crucero de 130 km/h en Francia sin apuros y sin grandes consumos... se nota que la tengo cariño a la "jodía".
Ibamos con una cierta incertidumbre ya que habíamos alquilado una casa por internet a un precio razonable para lo que es Chamonix y, aparentemente, enorme, ya que pensábamos en ir unas ocho o nueve personas, aunque al final, sólo fuímos cinco y la perrilla. ¿Existiría la casa que sólo habíamos visto por fotos en la web?, ¿sería como parecía en las fotos?. Pues sí, la casa existía, y era tan grande como decían que era, perfecta para quince o dieciseis personas. Con su chimenea, su pantalla gigante de tele, su mesa de billar, su jacuzzi en la terraza... una pasada vamos. Es cierto que podría haber estado un poco más limpia y que algunas cosas notaban el paso de los años... pero una casa de alquiler que en invierno se utiliza como albergue... ¡pues ya se sabe!. La casa merece la pena, el sitio merece la pena, es calentita y está muy bien con un precio muy razonable si se juntan varios para alquilarla en una semana.
Tras descansar el sábado, lloviendo todo el día, el domingo amaneció lloviendo también y con mala pinta en las alturas. Fuímos a Chamonix para comprobar la meteo y ver si había cambiado algo, pero la previsión seguía siendo la misma: lunes lluvia y tormentas eléctricas, nieve a partir de 2.900. Martes, claros en la mañana y posibilidad de lluvias en la tarde, nieve a partir de 3.000. Miércoles clara mejoría, tiempo despejado y soleado con temperaturas moderadas, 23 grados en el valle. Jueves, igual que el anterior. Viernes, mucho calor. Esta y no otra fue la previsión que encontramos tanto el domingo, como el lunes y el martes en todas las farmacias de Chamonix (que es donde cuelgan la previsión), así como en la Casa de la Montaña y no lo que he podido leer que dice el señor responsable municipal de Chamonix en algunos medios de comunicación, a la vista de lo que sucedió después. Con estas previsiones, la cosa estaba clara, tras decirnos en la Casa de los Guías que nos olvidáramos de la Norte de la Tour Ronde, el miércoles atacaríamos la Arista de los Cósmicos y después ya veríamos lo que hacíamos hasta el sábado que tocaba la vuelta. Mientras tanto, a descansar y hacer turismo, que en Chamonix se puede hacer, y mucho. Pero ese es otro reportaje que, quizás, dejaremos por aquí, ahora se trata de lo que ocurrió el miércoles 18 de Agosto.
El martes por la noche dejamos todo preparado y decidimos subir ligeros de equipaje, nos repartiríamos en dos cordadas. Por un lado, irían Carlos (nuestro buen amigo chileno) y Liby (Diesel Star) y por otro Rafa y Josefer. Subiríamos en el teleférico de las siete y media de la mañana para evitar las aglomeraciones de la primera hora, con el arnés y el casco ya colocados. Nos fuímos a dormir temprano para levantarnos a las cinco y media, con tiempo para desayunar y hacer una última revisión del material. Tengo que reconocer que no pegué ojo en casi toda la noche, la incertidumbre era mucha, ¿cómo reaccionaría a la altura?, hacía más de quince años que no me movía por encima de los tres mil metros y ahora tendría que escalar por encima de los tres mil quinientos, ¿podría?. Así dieron las cinco y cuarto de la mañana, cuando ya no aguantaba más en la cama y me levanté para ducharme. Desayunamos copiosamente y, con todos los bártulos, salimos para la estación del teleférico.
Finalmente, pudimos tomar el de las siete de la mañana, casi todos alpinistas, aunque algún turista madrugador nos acompañó en el viaje. Una mala coordinación en el enlace del primer tramo nos hizo llegar arriba casi a las ocho menos cuarto. Rafa y yo, al final, no nos pusimos los arneses abajo y nos entretuvimos algo más que Carlos y Liby de modo que, cuando salimos a la arista que, vertiginosa, baja hasta el Valle Blanco, ellos ya estaban casi abajo, aquello unido al efecto que la altura tuvo sobre mi rendimiento físico, fue fundamental para lo que luego sucedió.

Pasos cuidadosos, demasiado cuidadosos. Ahora la bajada se pone casi vertical, se ven los escalones, "no des pasos largos", me dice Rafa, ¿pero cómo darlos cortos? pienso yo. No ha habido paseo de adaptación, no hay aproximación que permita calentar, no hay respiro. Los cuadriceps me arden de sujetar las rodillas, mis maltrechas rodillas -maldita edad-, "menos mal que compré las botas", voy pensando, pero intento no distraerme -"voy demasiado lento", pero los vicios de tantos años me impiden andar de otro modo "yo voy más cómodo con un pie lateral y otro de frente" pienso, pero aquí no cogen. Y el viento te sigue sacudiendo, tengo que parar o me van a saltar los tendones de las rodillas. Por un pequeño defecto congénito mi pie izquierdo está ligeramente desviado hacia afuera y llevarlo en paralelo es un auténtico suplicio, pero no hay otra -"vamos Jose, me apremia Rafa"- pero yo tampoco quiero cometer ningún error. Uno de los pensamientos que me quitaba el sueño la noche anterior era esta puñetera arista. Incluso estuve pensando en decirle a Rafa que la bajaba sin encordar. No quería ni pensar en lo que sucedería si cometiera un error y resbalara hacia uno de los lados, la cuerda era poco más que un seguro psicológico, peso más del doble que Rafa y este pagaría mi error con un precio tan alto como el mío, y eso no era justo.
Al fin, llegamos a una zona un poco más ancha, dos cordadas que venían sufriéndome por detrás aprovechan para pasarnos y yo aprovecho para bajar con mi estilo habitual, al que yo estoy acostumbrado. Diossss, que descanso en los cuadriceps, mejoro el rendimiento y la velocidad y ahora bajo bien, o eso creo puesto que Rafa me tira de la cuerda -"así no que vas a resbalar, los pies en paralelo"- y yo pienso "menuda puñeta, con lo bien que voy así". Llegamos al último tramo y no me puedo resistir -"¿qué tal aquí un poco de "culoesquí"?"- "Adelante" -confirma Rafa- y bajo los últimos quince metros de un tirón (recuerdo que una vez, hace años, bajamos un amiguete y yo toda la ladera de la Maliciosa hasta la Barranca ramaseando en una nieve increíble). Bueno, pasó lo peor (o eso pensaba), sólo quedaba atravesar el valle blanco hasta el refugio de los cósmicos y allí iniciar la vía.




Nos toca, sube Rafa, lo mira, cambia la punta del crampón, se aferra a la fisura... y se baja "buenoooo, pienso yo, como las voy a pasar". Decide quitarse los guantes y subir con las manos desnudas. Ni dos minutos, visto y no visto. Chapar el clavo, trincar la fisura, las puntas al agujero, cambio de pie, ¡hop, hop y arriba! Va el matao, guantes gordos, intenta coger la fisura, no le entran los dedos, aún así lo intenta, la puntas al agujero, lo intenta y ¡zas! resbalón y abajo. Otra vez, puntas al agujero, agarra la chapa y, arriba, Rafa recupera rápido y tensa cuerda, ¿y ahora?, ¿qué hago con el pie derecho?, "un poco más arriba", grita Rafa, veo las marcas de dos puntas en la roca, pero están en vertical ¡!, y además da la sensación de que las han sikado, miro a mi izquierda y veo un clavo con una cinta que han metido para dentro, "esto han sido los guías" pienso a punto de entrarme la risa floja, con los guantes no puedo pillar la fisura más arriba, solo veo otro agujerito para el pie izquierdo y también está amarronado, ¿será el agua que chorrea?, intento cambiar el peso al derecho y subir el izquierdo al agujerillo, ¡eh, lo he logrado!, cuando intento cambiar la mano a un buen agarre a la izquierda, lo trinco, parece que lo voy a conseguir, solo es este paso, pero las puntas resbalan y, de repente, me encuentro colgado como un jamón. ¡Maldita sea!, lo intento desde allí, pero no hay manera de colocar las puntas de los crampones y me estoy petando los brazos. Al final Rafa me baja hasta la repisa, se ha vuelto a formar cola y dejo pasar a los vascos que se ofrecen a ayudar pero Rafa les dice que no hay problema. "¡Nos vemos arriba Jose!", chao, digo un poco decepcionado. Estoy muy jodido y cabreado, sobre todo por Rafa que, resignado, me baja una polea para que me agarre a la cuerda y vaya subiendo así. Pero no sin otro intento. Me quito los guantes gordos y me dejo los finos, esto es otra cosa, un paso, otro, un resbalón, pero Rafa sigue trincándome fuerte, un guía francés que estaba abajo me guía el pie izquierdo hasta un pequeño agarre que hace la fisura -"estos se las saben todas"- los de la cola animan, empujan tanto como yo, la izquierda al agarre de antes, esta vez noto que lo agarro con seguridad, todo el peso al lado izquierdo, al fin el derecho puede subir a otro buen maceado, cambio el peso y al fin la mano derecha trinca una regleta generosa más arriba, un pequeño resbalón, un buen tirón de Rafa y estoy sobre la repisa helada, junto a Rafa, trincando la línea de vida al parabolt, todo el mundo abajo suelta un soplido de alivio y suben todos como conejos. Tira Rafa por la derecha, por una buena chimenea generosa en agarres, cuando comienzo yo a subir por ella, empieza el numerito en la placa de nuevo. Yo no pienso quedarme a verlo, ya he sufrido yo bastante. Después de esto, la chimenea me parece un paseo militar.


La niebla se disipa un poco y vemos que tenemos la terraza del teleférico a apenas diez metros de nosotros parece que ya está hecho pero el muro sigue entre nosotros y la terraza y, a la derecha, un extraplomo completamente cubierto de hielo nos cierra el paso. Vemos que la huella se desplaza a nuestra derecha, allí, la panza es más pequeña y, sobre ella, una amplia fisura vertical la recorre de derecha a izquierda. Rafa se dirige hacia allí, se sube y descubre que puede meter todo el brazo en la fisura, se tumba sobre ella, encaja brazo derecho y pierna derecha y logra subir el pie izquierdo a una pequeña plataforma, desde allí, alcanza facilmente una pequeña plataforma nevada que, a la postre, resulta ser el final de la vía. Tras algún resbalón y un pequeño susto, logró seguirle los pasos en tan poco elegante pasaje y, al fin, estamos los dos sobre la plataforma. Después, descubriríamos que esta "variante" no es la salida natural de la vía, si no una variante que Carlos y Liby habían hecho para evitar la caravana en la canal de salida. Una pequeña bajada y estamos al pie de la escalera que nos deposita sobre la terraza desierta del teleférico de la Aiguille du Midi. Una gruesa capa de hielo cubre la verja metálica que bordea la terraza. ¡Lo hemos conseguido!
Rápidamente, dejamos la terraza para entrar en la seguridad de las escaleras, allí, en soledad, nos quitamos todos los trastos. Los macutos están completamente blancos de la ventisca, el goretex veteado de hielo, los guantes empapados, los trastos y el piolet, colgados del portamaterial están completamente cubiertos de hielo, son casi un bloque. Tras un abrazo de felicidad por haberlo conseguido oímos ruido en las escaleras y, de pronto, aparecen dos japoneses apenas cubiertos por capas de lluvia de estas de promoción con la cámara al hombro. Su cara lo dice todo sobre nuestro aspecto. Asombrados preguntan: "Climbers?, where are you came?, can i do photos?", en algún lugar, en la red, habrá un blog con una foto que me hubiera gustado ver, menuda pinta debía de tener. Nunca me sentí tan bien al bajar una montaña.

Desgraciadamente, un par de días después, supimos por unos navarros que la tormenta se había llevado la vida de dos personas que intentaban coronar el Mont Blanc y dos ingleses de 23 años, tuvieron que pasar la noche vivaqueando y ser rescatados al día siguiente en helicóptero. Según Ski News, una autoridad municipal de Chamonix aseguró que nunca debió de pasar, ya que la tormenta estaba oportunamente anunciada. Ni siquiera un político español soltó nunca una mentira tan cruel.
Cuando Rafa y yo llegamos a la terraza eran las 16:43, Liby y Carlos habían tardado poco más de dos horas y media en hacer el mismo recorrido. La tormenta nunca llegó a alcanzarlos. De cualquier manera, todos lo celebramos esa noche con una suculenta fondue en un restaurante de Chamonix.
"A todos los que dejaron su vida en la montaña persiguiendo un sueño."
¡Menuda aventura tronko!
ResponderEliminarEste Rafa está hecho un makina...!
Bueno, y tu... un makinón...!
Felicidades a los cuatro por ese pedazo de ruta que os habeis currao. Espero veros pronto por la Pedri, ya me contareis con más detalle...
Un abrazo!
Aupa!
Ya me lo contaréis en vivo y en directo, he pasado tanto frio como vosotros mientras lo leia, enhorabuena campeones, seguir así dando envidia al personal.
ResponderEliminarUn abrazo
Antiguo Pedricero (Alfonso)
Bueno...bueno...bueno. Josefer...tienes madera de escritor...se nota el entusiasmo. Una historia, bien contada, plena de detalles y que "obliga" al lector a estar allí...pasando frío.
ResponderEliminar¡Muy bien!...los carburantes...son "echaos palante".
Liby y Carlos...un buen horario. Rafa...pendiente de Josefer. Perfecto.
Salúdos.
Carlos Gallego.
Gracias chicos. Me alegra de que os guste y de que haya logrado transmitiros las sensaciones de la ascensión.
ResponderEliminarRafa, qué voy a decir, es el mejor aliado de mi pobre ángel de la guarda, al que tanto trabajo doy.
Un abrazo.
¡Pedazo de repor! Cómo se nota el tiempo libre, eh?? jejeje... A ver si hago los videos y los cuelgo!!
ResponderEliminarDeberias probar en un concurso de relatos, hay madera. Que tensión el ascenso de la "Placa Fisurada", aun tengo los pelos como escarpias. Me ha gustado.
ResponderEliminarHasta pronto.
Luisfer
Gracias Luisfer, me alegro de que te haya gustado.
ResponderEliminarHasta pronto.